Munoa VR Escape Room | Dos experiencias cooperativas de Realidad Virtual para el Ayuntamiento de Barakaldo
Un palacio que esconde más de lo que enseña
Hay lugares que guardan sus mejores historias bajo llave. El Palacio Munoa, en el barrio de Burceña en Barakaldo, es uno de ellos. Mandado construir como residencia de verano en 1860, reformado en 1916 por el arquitecto Ricardo de Bastida hasta convertirlo en una mansión de estilo Segundo Imperio Francés, y habitado durante décadas por una de las familias más influyentes de la industrialización vasca —los Echevarrieta—, el palacio acumula capas de historia que una visita guiada convencional apenas consigue arañar. Declarado Conjunto Monumental en 2017, sus seis hectáreas de jardín inglés, su vidriera policromada, su capilla privada y su Gran Salón con órgano de tubos merecían algo más que un paseo contemplativo.
El Ayuntamiento de Barakaldo, con Telefónica Tech como partner tecnológico y dentro del plan «Barakaldo, puerta de entrada al Turismo Industrial de Euskadi» financiado con fondos europeos Next Generation, confió en DeuSens para diseñar lo que ningún panel informativo puede ofrecer: la posibilidad de vivir la historia del palacio y del pasado industrial de la villa desde dentro. El resultado son dos experiencias multiplayer de realidad virtual — El Latido del Hierro y La Finca Munoa y sus Secretos — diseñadas para grupos que, equipados con gafas VR, deben colaborar, explorar y resolver enigmas contrarreloj en escenarios que mezclan rigor histórico con narrativa de videojuego. Quince minutos por sesión. Cero experiencia previa necesaria. Toda la emoción de un escape room, pero dentro de mundos que ya no existen.
El Latido del Hierro: bajar a la mina, forjar el acero
Barakaldo no se entiende sin el hierro. Desde las ferrerías hidráulicas del siglo XIV hasta los Altos Hornos de Vizcaya —que llegaron a emplear a 13.000 trabajadores—, la extracción y transformación del mineral definieron la identidad de la margen izquierda del Nervión. El Latido del Hierro condensa ese legado en una experiencia VR de 15 minutos donde los jugadores reviven las dos grandes etapas del proceso: primero la mina, después la acería. Guiados por el fantasma de un antiguo minero de Barakaldo —irónico, desafiante, incapaz de callarse—, el grupo debe localizar herramientas, resolver acertijos matemáticos grabados en barras de acero, colocar dinamita en las grietas correctas, sobrevivir a una explosión y recoger el mineral antes de que el reloj llegue a cero.
La segunda mitad cambia de escenario. La mina se transforma en una acería rugiente donde los jugadores deben alimentar un horno alto con hierro, carbón y caliza en el orden exacto, activar válvulas de oxígeno a 1.500 °C y accionar las palancas de un convertidor Bessemer hasta lograr la primera colada de acero. Todo en cooperación: si un jugador falla, el equipo entero lo nota. Si el tiempo se agota, el fantasma interviene con su particular sentido del humor para que la experiencia siempre avance. Nadie se queda atascado, pero completar cada paso por cuenta propia tiene su recompensa: la satisfacción de haber honrado el oficio de quienes forjaron Barakaldo.
La Finca Munoa y sus Secretos: un viaje al esplendor del palacio
La segunda experiencia cambia la oscuridad de la mina por la luz de los ventanales del palacio. Los jugadores aparecen en la terraza principal de Munoa, frente a la fachada tal como se conserva hoy. Del busto de Horacio Echevarrieta —industrial, constructor naval, propietario de El Liberal desde 1917, impulsor de Iberia y último morador destacado del palacio— emerge una figura fantasmal que los invita a viajar en el tiempo. La puerta se abre, la vidriera del vestíbulo cobra vida y, tras un teletransporte que solo la realidad virtual puede permitir, el grupo aterriza en el Gran Salón del palacio en su época de máximo esplendor: madera noble, mobiliario de época, cortinas pesadas y un imponente órgano centenario que esconde la llave de todo.
Las puertas se cierran. Diez minutos. La hermana de Horacio está a punto de llegar y el grupo no debería estar ahí. Sobre el órgano, una partitura con una secuencia numérica. En un sombrero, una pista. Dentro de un ejemplar de El Quijote, otra. Bajo una taza decorada, otra más. Dos grotescos tallados en la chimenea giran las esculturas y revelan el último fragmento del código. Cuando las pistas se juntan y las notas correctas suenan en el órgano, la puerta se abre y la luz inunda la sala. Es un escape room diseñado para pensar juntos, observar cada detalle y dejarse sorprender por un palacio que guarda más secretos de los que nadie sospecha.
Realidad virtual cooperativa para todos los públicos
Las dos experiencias funcionan como una instalación permanente en el propio Palacio Munoa, convirtiendo cada sesión en una extensión natural de la visita al recinto. Grupos de hasta cinco personas se equipan con gafas VR y mandos, y en menos de un minuto están dentro del siglo XIX. No hay que descargarse nada, no hay instrucciones complejas y los escenarios son lo bastante intuitivos para que familias con niños, grupos de amigos o turistas sin experiencia previa en realidad virtual puedan disfrutarlos desde el primer segundo.
El diseño de ambas experiencias aplica una filosofía que DeuSens ha perfeccionado en proyectos de turismo inmersivo como Benavente VR o San Juan de la Peña: la tecnología no se muestra, se siente. El visitante no piensa en píxeles ni en framerates — piensa en si la dinamita encenderá a tiempo o en qué nota se esconde detrás de un libro antiguo. Ese es el objetivo: que el patrimonio de Barakaldo deje de ser algo que se mira y se convierta en algo que se vive, se toca y se recuerda.
¿Listo para dar el salto a la hiperexperiencia?
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