Un patrimonio que solo existía tres días al año
El Monumento de Semana Santa de la Colegiata de Santa María la Mayor de Bolea es una de las piezas más singulares del patrimonio aragonés: una arquitectura efímera de tela y pintura del siglo XVIII que se erigía en el interior del templo durante el Triduo Pascual y que dejó de montarse en 1972. Durante siglos, sus telones pintados construyeron una perspectiva fingida de extraordinaria profundidad visual, transformando el espacio litúrgico en un escenario monumental que duraba apenas tres días. El Ayuntamiento de La Sotonera encargó a DeuSens la misión de devolverle presencia permanente, recuperando no solo su imagen, sino la experiencia de contemplarlo en el espacio para el que fue diseñado.
El proyecto arrancó con una fase de investigación histórica y documental que permitió reconstruir la lógica compositiva y perspectiva del conjunto. Los telones conservados, deteriorados por el paso del tiempo, se convirtieron en el punto de partida de un proceso de restauración virtual que combinaría técnicas de reconstrucción digital con inteligencia artificial.
Reconstrucción digital, inteligencia artificial y proyección láser vertical
DeuSens desarrolló un videomapping arquitectónico-escenográfico de alta resolución calibrado para el espacio museístico de Bolea, con proyección en formato vertical que respetó las proporciones originales del monumento y recreó la perspectiva fingida que el conjunto generaba en su emplazamiento litúrgico. Para los telones con mayor nivel de deterioro, se aplicaron modelos de inteligencia artificial entrenados en restauración de obra textil y pictórica histórica, recuperando zonas perdidas con criterios de coherencia estilística y documental.
La instalación se completó con una banda sonora original, locución bilingüe en español y francés, y diseño sonoro en formato 5.1, componiendo una experiencia audiovisual inmersiva pensada para reproducirse en bucle continuo y adaptarse a visitantes con distintos niveles de conocimiento previo sobre la pieza.
Un objeto efímero convertido en instalación permanente
La instalación quedó integrada en el circuito museístico de Bolea como pieza de acceso continuo para visitantes y turistas, eliminando la dependencia del ciclo litúrgico que durante siglos condicionó su contemplación. Lo que durante generaciones solo podía verse tres días al año pasó a estar disponible cada día, con la misma presencia y la misma escala con que fue concebido. El proyecto demostró cómo el videomapping, combinado con restauración asistida por IA, puede actuar como herramienta de patrimonio vivo: no para sustituir al objeto original, sino para restituirle su dimensión experiencial completa.
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